
Dicen que la religión es el opio del pueblo y yo, como buen adolescente revolucionario, hice de esta premisa mi filosofía de vida. Hasta que... el tiempo, los años, te muestran que la verdad está en todas partes y en todas las personas. Aquel líder o insititución que diga conocerla por completa está, sencillamente, mintiendo.
Crecí pues siendo un comunista laico, hasta que cumplí 20 años y otro refrán vino a refrescarme las ideas: si a los 20 años no eres comunista, es que no tienes corazón, pero si lo eres a los 40, es que no tienes cabeza. Era el momento de cambiar mis ideales, aún siendo profundamente laico y, por supuesto, negando la existencia de los ángeles. Aquellas figuras que ilustran los cuadros de la historia del arte eran, por no llamarlas de otra forma, ilusiones absurdas de un pensamiento medieval, retrógrado e irreal. Puras fantasías.
Pero como nunca digas nunca jamás, un buen día, empecé a contactar con energías no humanas. Venían a ceremonias donde un grupo de gente nos reuníamos en grupo para ser sanados por ellos. Al principio eran maestros espirituales y seres de las estrellas, y yo, seguía sin creer en los ángeles. ¿Cómo van a existir si toda la historia del catolicismo está plagada de mitos y falsedades?
Primer error: ver a los ángeles como una creación de la Iglesia, cuando ésta llegó mucho después para usar su nombre.
Pasaron las semanas, y un día, en un evento, sentí que habían llegado nuevos seres: ¡Eran ángeles! ¿Cómo? ¿Ángeles? Mi duda duró 3 segundos, lo que tardé en desechar la idea y hacer caso omiso de aquellas energías que solicitaban hablar. Pude notar con absoluta claridad que eran ángeles, aunque nunca había visto o sentido ninguno, por la suavidad de su energía, de la misma forma que se reconoce a un maestro espiritual por su vibración y aspecto. Sin embargo aquello chocaba de frente con mi sistema de creencias y no le di más importancia.
Al día siguiente, estaba charlando con mi actual esposa Linda, entonces una lozana mujer que acababa de conocer y de la cual estaba perdidamente enamorado, sobre la sensación que tuve la otra tarde al percibir ángeles.
— Pues serían ángeles, está claro que existen. Yo hasta sé el nombre del mío.
— ¿Cómo? ¿Sabes su nombre? — Poco a poco, empecé a sentir un escalofrío por mi cuerpo. Una bomba iba a explotar en mis inflexibles creencias sobre la realidad.
— Sí, he ido varias veces con una angelologa en la Ciudad de México. Ellas los ve, y te dice el nombre de tu ángel guardían y sus consejos para mejorar tu vida.
¿Cómo? ¿Perdón? ¿Una angelologa? ¿Qué te dice el nombre de tu ángel? Linda siguió hablando, y entonces el escalofrío pasó a ser conocimiento. Aquello era verdad, pues aquella "angelologa" había visto a miles de personas y dado los consejos y nombres de los ángeles, logrando asombrosos resultados. Y no sólo eso, sino que como ella ¡habían infinidad de angelologas en el mundo!
¿Cómo podían estar todas estas personas equivocadas? ¿Cómo podían recibir los nombres de los ángeles, y acertar en sus consejos a los pacientes? ¿Acaso estaban locas? ¿Acaso todo el mundo está loco? ¿No resulta mucho más lógico pensar que todo esto es verdad?
ABRIENDO LAS VENTANA
A partir de aquí mi mundo cambió. Entonces supe que los ángeles existen, más allá de nuestros conceptos infantiles sobre Dios o las religiones. Investigué un poco, y descubrí que ángeles hay en todas las religiones bajo distintos nombres, y en ningún momento, ellos se declaran partidario de alguna religión.
Estaba abierto a contactar con ellos. Durante la siguiente ceremonia, se volvieron a presentar, y esta vez los dejé hablar; tenían una energía suave, delicada, pero al mismo tiempo firme y repleta de sabiduría. Además mi cuerpo estaba totalmente lleno de paz y conocimiento mientras recibía sus mensajes, como pocas veces me había pasado, sintiendo que además de hablar, querían un poco más de protagonismo: dirigir la ceremonia. Era un poco temprano para eso, pues mi mente todavía se estaba reacomodando ante semejante descubrimiento, mas después de varias semanas, ellos ya dirgían las ceremonias y hasta diseñaron las suyas propias con sólo ángeles.
TERAPIA CON ÁNGELES
No sólo venían a mis eventos, sino que empezaron a trabajar a través de mi con personas individualmente. Venía gente a una sesión de terapia privada, y les aconsejaban sobre su futuro y pasado, qué acciones realizar ahora para mejorar la vida, a través de un coaching directo y casi mágico, terminando con una sanación del cuerpo energético, sutil y emocional.
Mi sorpresa incial se transformó en un inmenso gozo, por darme la oportunidad de trabajar con ellos. La terapia, obviamente, se fue puliendo, y de nuevo me asombré al ver que no era el único. Una estadounidende llamada Doreen Virtue, había sido la pionera en este campo, escribiendo varios libros sobre lo que ella llama angeloterapia. La siguieron infinidad de personas que tienen este don, y de alguna forma han sido elegidos por los ángeles para ayudar a las personas a través de su cuerpo.
CONCLUSIÓN
Hoy, sigo sin pofesar ninguna religión, porque creo que nuestros conceptos de Dios o Universo son filtrados por instintos y sentimientos terrenales, pero sé que los ángeles existen, porque los veo cada día. Porque hablo con ellos. Porque ellos ayudan a miles de personas a través de mí.
Y no, no estoy loco. No soy el primero, ni seré el último.

Ángeles I - Los orígenes by Joan Guzmán is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
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