Hoy fuimos a mirar unas salas para impartir un curso en Valencia. Después de dar muchas vueltas con el coche, no había sitio para aparcar. Cuando empezaba yo a inquietarme, vi la luz, en forma de "gorrilla" (típico nombre dado en España a las personas que te indican dónde hay espacios por una módica propina): era un individuo de raza negra, con ropas viejas y sucias que delataban su status quo en la sociedad. Trataba de ganarse la vida para sobrevivir...
He de ser honesto, nunca han terminado de gustarme los "gorrillas", porque no consideraba justo que cobren por indicar un lugar de estacionamiento que de todas formas tú lo hubieras visto igual sin él. Es más, a veces no llevas monedas sueltas y te preocupas por si se enfada al no darle nada.
Así que con estos pensamientos bajé del coche, con un euro en la mano, dispuesto a pasar el trámite y ser agradecido. Cuando se lo di, mire a su cara y ojos, sin esperar encontrar nada especial. Pero me equivoqué. Allí vi, reflejada en su rostro, la sonrisa más dulce que he visto en mi vida.
Era una mezcla de agradecimiento y calidez, que implicaba una ayuda segura en caso de que la necesitarás. Un apoyo eterno. Nunca, repito, nunca, había visto semejante sonrisa tan bella, tan pura.
Me fui de allí pensando que debería empezar a cambiar mi visión sobre los "gorrillas". Trataban de sobrevivir y además, ayudando a la gente. ¿Qué supone para nosotros un euro? Nada. ¿Y para ellos? Mucho, o quizás todo...
Aquel día fui a buscar un lugar para impartir un curso. Pero antes de empezar, ya me lo habían dado a mí.
( 0 Votes )
















